Cuando uno es niño, suele pedir cosas que están fuera de las posibilidades de nuestros padres, pero eso no entra en el universo de nuestras preocupaciones; es una característica de la mentalidad infantil.
Con igual mentalidad, oímos a estudiantes universitarios y sus docentes a diario reclamar airadamente “más presupuesto” o “mejores sueldos para los docentes”.
Para no pecar de ese infantilismo, deberían esos peticionantes proponer alguna solución para el problema. Pero si alguien osa debatir el arancelamiento universitario, aunque sea con modestas cuotas; o restringir el absurdo “ingreso irrestricto” a un cupo razonable, inmediatamente se expone a ser condenado al averno más oprobioso que imaginarse pueda. Estamos frente a una “vaca sagrada” tan intocable como son los bovinos en la India. El argumento es que la Universidad debe ser “inclusiva”, palabra esta que está en boca de cualquier progre bienpensante(1). De nada vale argumentar que los proletarios y desposeídos diversos, aún con la gratuidad, no acceden a las altas casas de estudio; de nada vale argumentar que muchos estudiantes universitarios que sí pudieron pagar colegios secundarios particulares podrían con igual esfuerzo ayudar a becar a quienes no pueden costear el arancel. Y, además, quien paga un arancel es poco probable que se eternice en las aulas o que vaya a ellas solo para hacer política. Eso no es todo, la gratuidad fomenta una hiperinflación de demanda lo que termina por superpoblar los ingresos logrando un pobrísimo porcentaje de egresados. Son “vacas sagradas” y, por lo tanto, intocables.
Otro “bovino intocable” es el tema de los jubilados. Nadie duda que quienes aportaron toda una vida para su jubilación, merecen un haber digno. Pero nuevamente nos encontramos frente al consabido problema de la “frazada corta”; si nos tapamos la cabeza destapamos los pies. Porque nadie duda que el sistema de reparto es deficitario y, por tanto, debe ser costeado en gran parte por las arcas públicas. Es decir que, para poder pagar lo que en justicia merecen los jubilados, deberíamos recortar otras áreas. ¿restringiríamos el presupuesto de salud, el de educación, el de seguridad? Claramente no sería razonable y desataría inmediatamente los reclamos de los sectores involucrados con tanta razón como lo hacen los “pasivos”. No se trata, entonces, de restringir otras áreas ni, tampoco, de imprimir más billetes por los resultados que ya conocemos. La solución, dentro del sistema de reparto es únicamente aumentar los recursos generales de la economía del país y eso se sabe que no se logra de un día para otro y, mucho menos, sin sacrificios. Pero lo que sí queda muy claro es que el sistema de reparto no puede ofrecer la solución a los justos reclamos de los beneficiarios. Pero se trata de otra “vaca sagrada” airadamente defendida por nuestros progres gobernantes. Ese sistema, que pudo funcionar en centurias pasadas, necesita de mayor número de aportantes que el que hoy tenemos. Pudo dar resultados cuando las expectativas de vida no eran tan prolongadas como lo son en la actualidad. En cambio, los sistemas de capitalización ofrecen un aumento del capital aportado como lo demuestran los números de Chile, donde la mayor parte del haber que percibe un jubilado, proviene de los intereses capitalizados y solo el resto proviene de los aportes efectuados. Un viejo aforismo dice que “quien puede lo más, puede lo menos”; es decir que, si pudieron de un plumazo liquidar las AFJP, bien podrían haber recortado los porcentajes que cobraban, si es que eran excesivos. Pero necesitaban terminar con lo que llamaron “la fiesta negra” de las AFJP para poder dar el zarpazo a los fondos allí acumulados que eran de los aportantes y no de las odiadas empresas de la sigla impronunciable.
Creo que hay muchos más reclamos infantiles que podríamos analizar, pero los dejamos para la próxima.
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(1) Digo bienpensante resaltando la n contra la norma que exige que ante la p se escriba m porque se me da la gana.