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jueves, 23 de abril de 2026

Infantilismo político y “vacas sagradas”

  

Cuando uno es niño, suele pedir cosas que están fuera de las posibilidades de nuestros padres, pero eso no entra en el universo de nuestras preocupaciones; es una característica de la mentalidad infantil.

 

Con igual mentalidad, oímos a estudiantes universitarios y sus docentes a diario reclamar airadamente “más presupuesto” o “mejores sueldos para los docentes”.

Para no pecar de ese infantilismo, deberían esos peticionantes proponer alguna solución para el problema. Pero si alguien osa debatir el arancelamiento universitario, aunque sea con modestas cuotas; o restringir el absurdo “ingreso irrestricto” a un cupo razonable, inmediatamente se expone a ser condenado al averno más oprobioso que imaginarse pueda. Estamos frente a una “vaca sagrada” tan intocable como son los bovinos en la India. El argumento es que la Universidad debe ser “inclusiva”, palabra esta que está en boca de cualquier progre bienpensante(1). De nada vale argumentar que los proletarios y desposeídos diversos, aún con la gratuidad, no acceden a las altas casas de estudio; de nada vale argumentar que muchos estudiantes universitarios que sí pudieron pagar colegios secundarios particulares podrían con igual esfuerzo ayudar a becar a quienes no pueden costear el arancel. Y, además, quien paga un arancel es poco probable que se eternice en las aulas o que vaya a ellas solo para hacer política. Eso no es todo, la gratuidad fomenta una hiperinflación de demanda lo que termina por superpoblar los ingresos logrando un pobrísimo porcentaje de egresados. Son “vacas sagradas” y, por lo tanto, intocables. 

 

Otro “bovino intocable” es el tema de los jubilados. Nadie duda que quienes aportaron toda una vida para su jubilación, merecen un haber digno. Pero nuevamente nos encontramos frente al consabido problema de la “frazada corta”; si nos tapamos la cabeza destapamos los pies. Porque nadie duda que el sistema de reparto es deficitario y, por tanto, debe ser costeado en gran parte por las arcas públicas. Es decir que, para poder pagar lo que en justicia merecen los jubilados, deberíamos recortar otras áreas. ¿restringiríamos el presupuesto de salud, el de educación, el de seguridad? Claramente no sería razonable y desataría inmediatamente los reclamos de los sectores involucrados con tanta razón como lo hacen los “pasivos”. No se trata, entonces, de restringir otras áreas ni, tampoco, de imprimir más billetes por los resultados que ya conocemos. La solución, dentro del sistema de reparto es únicamente aumentar los recursos generales de la economía del país y eso se sabe que no se logra de un día para otro y, mucho menos, sin sacrificios. Pero lo que sí queda muy claro es que el sistema de reparto no puede ofrecer la solución a los justos reclamos de los beneficiarios. Pero se trata de otra “vaca sagrada” airadamente defendida por nuestros progres gobernantes. Ese sistema, que pudo funcionar en centurias pasadas, necesita de mayor número de aportantes que el que hoy tenemos. Pudo dar resultados cuando las expectativas de vida no eran tan prolongadas como lo son en la actualidad. En cambio, los sistemas de capitalización ofrecen un aumento del capital aportado como lo demuestran los números de Chile, donde la mayor parte del haber que percibe un jubilado, proviene de los intereses capitalizados y solo el resto proviene de los aportes efectuados. Un viejo aforismo dice que “quien puede lo más, puede lo menos”; es decir que, si pudieron de un plumazo liquidar las AFJP, bien podrían haber recortado los porcentajes que cobraban, si es que eran excesivos. Pero necesitaban terminar con lo que llamaron “la fiesta negra” de las AFJP para poder dar el zarpazo a los fondos allí acumulados que eran de los aportantes y no de las odiadas empresas de la sigla impronunciable.

Creo que hay muchos más reclamos infantiles que podríamos analizar, pero los dejamos para la próxima.

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(1) Digo bienpensante resaltando la n contra la norma que exige que ante la p se escriba m porque se me da la gana.

martes, 24 de febrero de 2026

Mitos, falacias y bolu… reflexiones


«Si no les gusta formen un partido político y ganen las elecciones». Frase muy acertada de la prestante dama que nos supo asestar dos presidencias y una vicepresidencia. Lo dijo cuando alguien –no recuerdo quien– tuvo el atrevimiento de criticar sus excelsas políticas. Hoy podríamos decir lo propio a los legisladores de su partido que no soportan la idea de que no poder manejar el Congreso a su voluntad y tratan de obstruir su cometido por todos los medios legales y de los otros.

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«Las ideas liberales y capitalistas quieren a los proletarios cada vez más pobres». Lo concreto es que la realidad se da de patadas con esta afirmación. ¿Dónde son más pobres los proletarios, en Suiza o en Cuba? ¿en Canadá o en Nicaragua? ¿en Nueva Zelanda o en Venezuela? ¿En la Corea del Sur o en la del Norte? Y la lista podría continuar. Eso es la realidad empírica, pero también podríamos teorizar: ¿A quién le van a vender sus productos los malvados empresarios? ¿A una masa de desposeídos sin poder de compra ni para papel higiénico, si lo consiguen?

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«La inflación es un fenómeno multicausal donde la puja distributiva y la codicia empresaria juegan un papel preponderante». Lo que no explican estos opinólogos es por qué justamente los empresarios y comerciantes de los países sin disciplina fiscal son los que “suben los precios”. Y en esos mismos países, cuando se adoptan medidas correctas de disciplina monetaria, esas apetencias desmedidas se apaciguan.

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«Nací peronista y voy a morir peronista porque Perón y Evita le regalaron su primera bicicleta a mi papá y a mi mamá una muñeca. También le regalaron a mi abuela una máquina de coser». Entiendo claramente la adhesión al peronismo de esos padres y esa abuela, pero me cuesta entender que alguien deba mantener una fidelidad perruna e irreflexiva por esa causa. Si eran tan buenas esas políticas; ¿por qué no siguieron regalando bicicletas y muñecas tantos gobiernos peronistas posteriores? ¿Será que, cuando se acabaron las vacas gordas de la posguerra, se acabó también la generosidad ilimitada (con plata ajena) de los gobiernos peronistas? A mi me queda claro que se trató de una política perversa, pero muy eficiente, de adoctrinamiento y lavado de cerebros. Los resultados están a la vista.

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«El capitalismo crea una desigualdad inaceptable. Por eso hay que expropiar a los grandes empresarios industriales o rurales para logra una mejor distribución de la riqueza». No importa que cada vez que se aplicaron esas medidas, terminaron en un estruendoso fracaso. Es cierto que dentro de un sistema capitalista liberal hay desigualdades (que son propias de la naturaleza humana) y no es tema que preocupe a quienes sostienen estas ideas. Nadie se muere de desigualdad, pero sí de pobreza. Veamos los índices de desigualdad entre un par de naciones: Canadá es mucho más desigual que Bangladés. ¿dónde preferirían ser pobres, en el primero o en el segundo país? Fácil resulta igualar para abajo; solo se trata de practicar aquellas expropiaciones y todos seremos igual de pobres, excepto, claro está, los integrantes de la nomenklatura. Para igualar para arriba, en cambio, hay que generar mucha riqueza previamente, cosa nada fácil sobre todo si terminamos con la “clase empresaria”. 

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«Los ferrocarriles no se diseñaron para las necesidades de nuestro país, sino para los intereses británicos». Es probable que así sea, al menos en parte. Lo que nunca leí de tantos historiadores revisionistas y opinólogos progres es cuál sería el entramado ferroviario que sí se ajustaría a los intereses nacionales. ¿Será que no tenían ni la más rep… remota idea y solo exponían sus inveteradas bolurreflexiones?

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«El machismo es el responsable de que las futbolistas ganen menos que los varones solo por el hecho de ser mujeres. Ellas juegan con las mismas reglas, 90 minutos por partido y en canchas de iguales dimensiones». Pero en ese análisis no tienen en cuenta que un jugador, varón, que integra un plantel de segunda categoría, también juega los mismos 90 minutos que un jugador de élite y no cobra lo mismo. ¿Será que hay algunos que generan más ingresos que otros y por eso les pagan más? ¿O será que quienes pagan son solo machistas y cholulos de las grandes figuras y, por lo tanto, pierden plata?

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«Hay que proteger a la industria nacional mediante aranceles a la importación, para proteger el trabajo argentino». Luego de décadas de proteccionismo, logramos una industria mayoritariamente raquítica con productos más caros y de menor calidad que los importados. Parece que tan evidentes resultados no están a la vista de esas mentes tan sensibles. Recuerdo un chiste que decía que una herramienta había durado muy poco y una similar funcionaba perfectamente luego de muchos meses de trabajo duro. La explicación era que una se había hecho en una fuente de trabajo y la otra en una fábrica …  

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«Los empresarios no son necesarios para el funcionamiento de una fábrica o cualquier tipo de emprendimiento. Los empleados, operarios y obreros, saben perfectamente hacer su trabajo y podría funcionar todo igualmente». Notable reflexión, sobre todo porque no tiene en cuenta que son los empresarios los que crearon las empresas, los que tuvieron la idea y los que asumieron los riesgos. Es notorio –pero estas mentes escasas de neuronas no lo ven– que casualmente todas las empresas fueron creadas por los empresarios, pero no por los operarios…

miércoles, 26 de noviembre de 2025

¿Femicidio o violencia intrafamiliar?

 Hoy vi en el noticiero de un canal de TV que una joven mató a puñaladas a su novio y eso me llevó a las siguientes reflexiones:

Nadie puede dudar que es mucho más frecuente el hecho de que un varón mate o simplemente golpee a su pareja mujer que el caso contrario. Pero la pregunta es si por ser más frecuente lo hace más grave, al punto de crear una figura penal como el «femicidio».

Creo que ambos casos entran en lo que podríamos llamar «violencia intrafamiliar» o, si se quiere, «violencia de pareja» y no de «violencia de género» (y, de paso, me gustaría que alguien me explique qué es el “género”, aparte de una categoría taxonómica y un accidente gramatical).

Por lo tanto, la figura del femicidio es un mamarracho absoluto, ya que no creo que haya muchos casos en que un varón mate a una mujer por el hecho de serlo. Más bien se trata de otras cuestiones vinculadas tal vez al alcoholismo, a celos descontrolados, a simples desequilibrios mentales o a un complejo exacerbado de inferioridad. Y se da casi en exclusividad dentro de parejas, porque no me van a hacer creer que una mujer muerta en ocasión de robo cae dentro de la figura de femicidio.

Conclusión: crear una figura penal que aumente las penas, no solo es un claro caso de desigualdad ante la ley, sino que ya ha demostrado largamente su ineficacia. Por tanto, habría que estudiar muy a fondo las causas y actuar sobre ellas.

Volvamos al hecho de la noticia que comenté; sospecho que tratarán con más benevolencia a la asesina por ser mujer. ¿Qué creemos que opinarán los familiares de la víctima?

martes, 28 de octubre de 2025

La situación actual

 La situación actual

¿Estamos en una situación socioeconómica brillante o siquiera próspera? Con toda seguridad que no. ¿Eso habla mal del actual gobierno? No necesariamente.

Veamos: hay un principio de la medicina homeopática que dice que el proceso de la curación comienza con un agravamiento de los síntomas. Podemos no creer en la homeopatía, pero sí es fácil de verificar que las medicinas que curan, no suelen tener buen sabor. 

Seguramente los subsidios permanentes a las familias –en forma directa o a través de las tarifas de los servicios domiciliarios y el transporte– han servido de analgésicos para sostener una ilusión de confort dentro de la pobreza, pero de ninguna manera sirvieron (ni servirán jamás) como remedio para lograr una mejora genuina en la situación social.

Es claro que no se logra sacar de la pobreza a un porcentaje tan alto de la población en pocos meses. Tampoco es sensato pensar que ello se logra mediante los subsidios como herramienta; la sola existencia de este tipo de asistencialismo durante tantas décadas, es la mejor prueba de que ese modelo solo logra mantener a un número enorme de ciudadanos en la pobreza y en la dependencia del estado supuestamente benefactor.

Nadie puede dudar que no se logra un país próspero sin una cuota de sacrificio; que la mejora en el nivel de ingresos, sostenible en el tiempo, viene de la mano de una mejor calidad y productividad del trabajo; y que nada de eso se logra sin inversiones productivas, creatividad e innovación. En otras palabras; no se puede ir de Uganda a Noruega sin pasar por El Cairo y Roma. 

Previamente, y como base de todo ello, es necesaria una educación pública de calidad.

¿Está este gobierno trabajando en ese sentido? Y si así fuera, ¿lo está haciendo con acierto? El tiempo lo dirá.

Hoy, como ciudadano lego en cuestiones macroeconómicas, solo me queda esperar resultados en el mediano plazo para poder responder a esas preguntas.

Antes que juzgar a un gobernante por sus formas, deberíamos juzgarlo por sus resultados, teniendo en cuenta que ya ha pasado un año y medio de gobierno y ya hay muchas acciones para evaluar, tanto si se está de acuerdo como si no. Las detracciones, censuras y reproches, cuando provienen de los sectores que nos han llevado a esta crítica situación, no son para ser tenidas muy en cuenta.




viernes, 19 de septiembre de 2025

La batalla cultural

Hace unos años leí una nota muy interesante que trataré de reproducir como la recuerdo, por lo que no es textual ni el nombre de los protagonistas es el real.

Se trataba de un intelectual liberal, al que llamaremos Juan,  y de un empresario –muy emprendedor, por cierto– al que llamaremos Pedro, que, habiendo leído a este intelectual, se convenció de sus ideas. 
Por ese motivo, Pedro se reunió con Juan y, luego de algunas charlas muy instructivas decidió lanzarse a la lucha política para impulsar esas ideas que consideraba positivas para el conjunto de la sociedad.
Al conocer esa decisión, Juan le dijo que no perdiera el tiempo. Con mucho esfuerzo y una cuota de suerte, tal vez lograría llegar al gobierno, pero que de poco serviría si no había un convencimiento y consenso generalizado de la población. En tal caso, el fracaso sería previsible porque, cualquier sacrificio que demandase la transición, no sería tolerado por el electorado y el derrumbe sería inevitable con nefastas consecuencias. En efecto, no solo por el fracaso en sí, sino por el desprestigio de las ideas. Ese fracaso sería, en la opinión pública, imputable a esas políticas liberales. Y ese retroceso sería el entierro, por muchos años, de esas ideas. Lo sensato, para Juan sería dar la «batalla cultural» , hoy tan famosa y mentada.

Está claro que la opinión pública está, aún, muy lejos de abrazar mayoritariamente estas ideas. El voto al actual gobierno no fue por convencimiento sino por repudio al estrepitoso fracaso del anterior.
Los sabios conceptos de Juan son palpables en estos días. La debilidad legislativa, que parecía no ser tan importante, y de hecho no lo fue en un principio, hoy se muestra implacable y absolutamente decidida al derrumbe de nuestro actual gobierno. Y esa furibunda arremetida no es por mal desempeño del Ejecutivo ni por el fracaso de sus políticas, sino todo lo contrario. Al advertir el éxito de estas medidas, la clase política vio con claridad cómo peligraba su permanencia y utilizó todos los recursos a su alcance con medios legales y de los otros en su arremetida.
Estamos a las puertas de un nuevo retroceso que, esta vez, no sabemos cuán profundo puede llegar a ser. Los que tenemos más años de lo que quisiéramos, ya estamos acostumbrados esta clase de tragedias e intentaremos una vez más, tratar de sobrellevarla si se llegara a lo que temo.
¡Qué estrepitoso fracaso como generación le legaríamos a nuestros nietos!


lunes, 28 de julio de 2025

Reflexiones preelectorales

Esto lo dije hace unos años, pero, con algunas modificaciones, viene bien a cuento ahora. Ya sé que copiar es plagio, pero no creo que yo mismo me demande por ello. 

REFLEXIONES PREELECTORALES

Cuando veo los ingentes recursos que, durante las campañas electorales, se invierten en panfletos, banners, pasacalles, spots televisivos y radiales, murales, actos, etc, con que nos abruman antes de la elecciones, no puedo menos que preguntarme de dónde salen tales recursos… Como esta cuestión queda siempre sin respuesta, mientras medito acerca de ello, me hago otra pregunta: ¿Quién está tan interesado en ganar esa presidencia, esa gobernación, intendencia o escaño parlamentario? Alguien debe tener poderosas razones para financiar semejante dispendio. La conclusión que saco es que el resultado de las elecciones es muuuuuuucho más importante para los candidatos (y para quienes los financian) que para el común de los ciudadanos de a pie que los votamos.

Otra gran pregunta es: ¿A quién le creo? Si pudiera creerle a todos, tendría que votarlos a casi todos, habida cuenta de sus hermosos discursos, promesas, plataformas, planes y proyectos. El problema es que no les creo a todos. 

Y se viene la otra preguntita: ¿Por qué le creo al candidato A y no al B? No siempre se tiene una respuesta, porque no solemos votar con el cerebro, sino por emociones o conveniencias.

Por otra parte, sabemos que las medicinas que realmente curan no suelen tener buen sabor. Ante los problemas que, inevitablemente afronta una sociedad, hay que tomar medidas que no suelen ser gratas. Los ajustes vienen luego de que se desajustó, pero nadie se queja del que desajusta, porque se está en medio de la fiesta . Cuando hay que poner las cosas en su lugar, quien lo hace no es bien visto. Como dijo un expresidente nuestro: «Si hubiese dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie». 

Paradójicamente, dicha sentencia no se ha cumplido con el actual presidente, ya que dijo más o menos todo lo que iba a hacer (que no eran propuestas muy atractivas en el corto plazo) y sin embargo lo votaron.

Si vemos la evidente decadencia, tanto en lo económico, social y educativo que sufrimos desde la recuperación de la democracia, para no ir más atrás, podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que todos los gobiernos que se sucedieron aportaron algo a esa decadencias en mayor o menor medida. 

¿Será que alguna vez deberemos votar con un poco más de cerebro y menos de corazón?



martes, 8 de julio de 2025

Almas nobles

Algunas almas nobles abrazan el perokirchecristinismo con convicción religiosa. «Perón le regaló a mi abuelo una bicicleta» o «Evita le regaló a mi mamá su primera muñeca». Con plata que no salió de sus bolsillos, pero regalos al fin, que lograron esa fidelidad perruna imborrable como todos los dogmas religiosos. También se oye «Yo nací peronista y voy a morir peronista». Nuevamente una convicción religiosa contra la que toda argumentación resulta vana. Los dogmas religiosos no se discuten. Resisten cualquier resultado adverso o personaje nefasto: no importan los López Rega o los montoneros; los rodrigazos o el albertismo. Criticaron la tímida apertura que hizo Alfonsín de Aerolíneas, pero aplaudieron y apoyaron con fervor las privatizaciones de los 90 para luego militar con convicción las reestatizaciones, disfrazadas de épica revolucionaria del kirchnerismo. 

Afirman que todos los males de la Argentina de hoy, son por culpa de Milei y que la indefendible gestión del albertismo es porque no pudo revertir la entrega a los capitales extranjeros de la administración de Macri.

No registran que, al finalizar su mandato la Abogada Exitosa (de 12 años, si contamos con el período del Finado) , ya había un cartonero en cada esquina y millones de compatriotas (y, por cierto, algunos extranjeros) que dependían de un plan. Tampoco toman en cuenta que las tarifas de agua, gas y luz tenían subsidios escandalosos porque si no, mucha gente no los podría pagar. Y todo ello para maquillar la pobreza cuyos índices estigmatizan solo a los responsables de ella y no a los pobres.

Hoy, militan el dogma de que la Prestante Dama es una presa política y no una política presa, inversión de palabras cuyo significado es claramente diferente. No conciben que un juez que la condena haya fallado conforme a derecho y a pruebas irrefutables. La justicia no les resulta creíble como sí lo fueron los fallos exprés que les regaló el recordado Oyarbide. «La proscriben por las cosas buenas que hizo». Esta inefable frase deja al desnudo una idea que abrazan con fervor, que ellos se consideran los buenos y cualquiera que no esté de acuerdo es un perverso de toda perversión. No conciben que se pueden perseguir fines positivos con métodos distintos. Otra perversa afirmación es la de «Roban, pero hacen». Jamás se puede aceptar tal cosa, pero suponiendo que fuese aceptable, habría que preguntarse ¿qué hicieron de positivo? ¿La inflación siempre aumentando en sus gobiernos? ¿La terrible deuda por juicios por mala praxis en la expropiación de YPF? ¿Mejoró sustancialmente la situación de los jubilados de la AFJP al ser pasados compulsivamente (contra su expresa voluntad) al sistema de reparto? 

¡Ah! Casi me olvido: los jubilados comenzaron a cobrar migajas por culpa de Milei…




martes, 1 de julio de 2025

La pelea de fondo

Hace unos años, yo escribía: 

«Creo que la pelea de fondo es la de las ideas. La lucha en el terreno político, necesaria, es solo, por el momento, una pelea de relleno». 


Y decía esto porque la irrupción de un político liberal de pura cepa era una quimera. Hoy ya no lo es, pero sigo creyendo que la batalla de las ideas es fundamental, pero no ha terminado aún. Si no hay una mayoría que esté convencida de que el camino es por ese lado, más temprano que tarde, el humor de la ciudadanía cambiará, habida cuenta que resultados palpables para el grueso de la población, no se obtendrán en el corto plazo. Y nuestro pueblo, luego de tantos años de promesas incumplidas y fracasos reiterados, suele quejarse de los resultados pero no de los métodos. Y los resultados, en lo inmediato, no serán lo que espera la gente, por aquello de que «la medicina que cura, no suele tener buen sabor».

Y la probabilidad del fracaso no es para nada desdeñable: las estructuras mafiosas que tanto daño han producido, están intactas y en el Congreso (también infiltrado por esas mafias), hay todavía un número suficiente para impedir la gestión y oponer toda clase de obstáculos a las políticas oficiales

También escribí entonces:

«Por eso es fundamental que toda esta nueva generación de liberales que aparecen en los medios sigan propagando la idea de la libertad como bien supremo y generador de bienestar y progreso; que se trate por todos los medios de llegar a los claustros académicos; de convencer a periodistas y formadores de opinión».

Desde luego que esas ideas, no surgieron de una mente iluminada que pergeñó una doctrina de cómo debe ser la sociedad, sino que surgió de un atento y riguroso análisis de la evolución de las sociedades en las que estas teorías se aplican y pueden mostrar resultados palpables en pocos años

Por eso, el resultado de las elecciones legislativas de este año, es crucial para el desenvolvimiento de esas políticas tan necesarias. 

Tengamos en cuenta que, un probable fracaso de un gobierno liberal, tendría efectos terriblemente regresivos para la consolidación de la idea en la gente y el daño sería doble; por el nuevo fracaso en sí y por el descrédito que las ideas liberales sufrirían. 

Hoy, todavía muchos le achacan al «neoliberalismo» (aunque nadie sepa definir qué es) la terrible crisis de 2001 y no a la corrupta implementación de algunas políticas liberales y al consabido déficit de las cuentas públicas que se practicó en aquellos años.





lunes, 21 de abril de 2025

Las letras están de luto

Hoy, la literatura mundial y en particular la latinoamericana, están de luto.

La partida de Mario Vargas Llosa, el genial peruano que nos dejó como testimonio páginas inolvidables, nos deja, a todos quienes supimos apreciar todo su talento, un sentimiento de orfandad al saber que ya no volverá a sorprendernos con la chispa de su talento para las ficciones, tanto en terribles testimonios de nuestra dolorosa realidad como en otras con un fino sentido del humor sin dejar de ser críticas y mordaces.

También nos deslumbró con su talento para el análisis de la realidad de nuestras sociedades que tan profundamente analizó en reiterados ensayos y columnas periodísticas. Uno podrá no estar de acuerdo con sus posiciones políticas, pero siempre habrá que reconocer en él una erudición y capacidad de análisis que son notables. 

Mucho se lo ha criticado por su giro copernicano respecto de sus convicciones políticas, llegando a decir de él que se entregó a los poderosos intereses de la economía mundial. Quienes así opinan, no vieron o no quisieron ver cuánto más cómodo se encuentra un intelectual que abraza las ideas de las izquierdas. Él mismo llegó a decir que para no traicionar esas ideas a las que llegó por análisis de las realidades, «hay que estar dispuesto a soportar el ‘baño de mugre’ con que lo obsequiarán sus adversarios»

El propio Mario, hablando con vehemencia en defensa de las ficciones, que nos permiten salirnos un poco de la pobre realidad que vivimos, de la única vida que nos tocó o que supimos construir, para vivir mil otras vidas, heroicas, miserables o maravillosas, hace una comparación de distintos tipos de ficciones.

Dice lo siguiente:

Hay unas ficciones que son malignas. Son las que no se presentan como ficciones, sino como verdades absolutas; por ejemplo, las ideologías. 

Creo que las ideologías son ficciones que nos hacen creer que son una lectura objetiva de la realidad e introducen en nosotros, no solo ideas falsas, sino, a veces, convicciones de tipo fanático y, en buena parte, las catástrofes que ha vivido la historia han resultado de esas visiones fanáticas que vienen de ficciones, que pueden ser religiosas, que pueden ser ideológicas y que no se presentan como lo que en realidad son: ficciones, creaciones artificiales, a veces de mentes extraordinariamente creativas y lúcidas.

Pero no es el caso de la poesía, del teatro, del arte en general, cuyas ficciones yo creo que son benignas y enriquecedoras porque sabemos que son ficciones y como tales se incorporan a nuestra vida.

Y, para contrastar con la tristeza que nos produce su desaparición, les dejo este enlace en el que, recordando su paso por la dirección de cine, se puede apreciar otro aspecto de su notable personalidad:

https://www.youtube.com/watch?v=eGuLcEztG_E

Adiós, Mario 



martes, 1 de abril de 2025

Las marchas de los jubilados.

 

Nadie puede dudar acerca de la crítica situación por la que atraviesan los jubilados y de su legítimo derecho a manifestar su descontento. Lo que sí queda en dudas es la razón por la que no se manifestaron con tanta vehemencia durante los gobiernos kirchneristas. ¿Estaban mejor en aquellas épocas? ¿Comenzó su penuria el 10 de diciembre de 2023?

Ciertamente no fue así. Pero lo que es más escandaloso es que justamente esos gobiernos, a los que no les hicieron tales demostraciones de descontento, son grandes responsables de la penuria actual del sector. La estatización de las AFJP, ocurrida en 2008, obligó a los aportantes a pasar al sistema oficial de reparto aún contra su expresa voluntad. Y se apropiaron de los fondos de sus aportes. Hoy podemos apreciar las ¿bondades? del sistema de reparto. 

Cualquier intento demagógico de otorgar «jubilaciones dignas» sería recurriendo una vez más a la impresión de billetes, con lo que se desataría una nueva ola inflacionaria que terminaría, más temprano que tarde, licuando ese «beneficio» otorgado por un gobierno bonachón, consustanciado con los abuelitos. Pero devengaría inmediatamente rédito político. 

Por otra parte, si bien el reclamo de los jubilados, como ya dije, es legítimo y entendible, no queda muy claro por qué justamente ahora, muchos sindicalistas, kirchenristas y militantes de trasnochadas izquierdas, se sienten consustanciados con esas nobles causas y salen a protestar con algo más que vehemencia.

Entiendo que están poniendo sus barbas en remojo al ver que, probablemente, en octubre, el gobierno coseche un no despreciable porcentaje de votos que le permitan llevar a cabo con mayor soltura sus políticas. Políticas que no favorecerían a las mafias enquistadas en esos sectores a que hice referencia. 

Entonces, su objetivo de máxima es voltear al gobierno y el de mínima, esmerilarlo lo suficiente para que no obtenga esos temidos resultados electorales.



domingo, 2 de marzo de 2025

Nuestras crisis

Reiteradamente hemos entrado en profundas crisis, y no es que, cuando salíamos de esas abismales simas, estábamos en el mejor de los mundos. ¿Cómo se explica esto?

La corrupción no explica todo

La enorme cantidad de dinero que se escurre por las alcantarillas de la corrupción, con todo el daño que produce y siendo un gran problema argentino, no es, si embargo, el origen y causa de todos nuestros males.

Insisto, más allá de la corrupción, con la que todos deberíamos estar de acuerdo en que es perniciosa para cualquier sociedad y cualquiera sea el signo político del gobierno, hay otras cuestiones que explican o justifican nuestras inveteradas y repetidas crisis.

Desde luego que esto no significa que debamos minimizar este flagelo tan arraigado ni que debamos resignarnos a que «Roban, pero hacen». En la lucha contra la corrupción, podremos ganar algunas batallas, incluso muchas, pero es utópico pensar que se podrá erradicar completamente; los funcionarios son de carne y hueso y, como ya sabemos, la carne es débil. Por eso, lo importante es eliminar la matriz corrupta que no solo daña por el dinero contante que se desvía hacia esos insaciables bolsillos, sino porque la acción de gobierno en general, está orientada a conseguir las mejores tajadas y no a lo que la población necesita.

Políticas equivocadas

Políticas equivocadas han sido aplicadas por los sucesivos gobiernos en forma constante (y no hablo solo de los gobiernos recientes). Me refiero al proteccionismo sin metas ni objetivos concretos, al intervencionismo estatal, a la imprevisibilidad en las reglas de juego, en controles y más controles en los precios y la economía en general, la imposición de cuotas y permisos, la legislación que permite el enquistamiento de mafias en sindicatos, en asociaciones empresarias y hasta en los clubes de fútbol como hemos visto en forma tan palmaria en tantas ocasiones. Muchas veces estas medidas son verdaderas «estaciones de peaje» que favorecen el accionar de los corruptos. 

Si al cabo de tanta «protección», tuviésemos una industria pujante y competitiva, podríamos justificar tales políticas, pero ¿cuál fue el resultado de la aplicación tan contumaz de estas políticas? Nos garantizaron una industria raquítica, no competitiva y subsidiada a costa de otras actividades más eficientes o bien con déficit e inflación lo que lleva indefectiblemente a niveles de pobreza inaceptables.

Y lo más importante: por creer que, cerrándonos al exterior, con aranceles a las importaciones y retenciones y hasta ¡prohibiciones a las exportaciones! (creo que esto es inédito en el mundo), hemos conseguido una economía pequeña, que no crece. Cuando eso ocurre, como la población sí crece, es inevitable que aumente la pobreza y con ella la tentación de maquillarla u ocultarla con subsidios y políticas cortoplacistas. Y la existencia de subsidios permanentes a las tarifas, al transporte, a los que no trabajan, a las madres solteras, a las embarazadas, a las que quieren abortar, etc., antes que mostrarnos la sensibilidad del gobierno, lo que nos muestran es el fracaso rotundo del modelo que hemos elegido hace ya muchas décadas; un país con políticas que favorezcan la prosperidad general, no necesita repartir subsidios al por mayor. Y como los recursos no alcanzan, precisamente porque la economía no crece, se recurre a la inflación, de la que no es fácil salir, o al endeudamiento, con lo que no solo hay luego que pagar lo adeudado sino también los intereses, lo que hace que aumente más todavía el déficit y así sigue la noria dando vueltas y más vueltas. Esta verdadera bola de nieve llega un momento que es imparable, porque genera más pobreza y con ella la violencia y la necesidad de más subsidios para pobres, indigentes, desocupados, jubilados, usuarios de servicios públicos, etc.

No está mal subsidiar si se tiene claro por qué, para qué y por cuánto tiempo; pero cuando se hace solo para disimular el fracaso de las equivocadas políticas, y se vuelve una constante y permanente carga para el erario, los resultados no pueden ser otros que los que vemos cíclicamente los argentinos. Todo por seguir el rumbo contrario al que toman los países exitosos.

¿Y en el “vecindario” qué pasa?

Nuestro vecino Chile (aquisito nomás) que redujo la pobreza a la mitad en pocos años; ¿qué políticas aplicó? Venezuela, que es líder en expulsión de ciudadanos; ¿qué políticas aplicó? ¿Qué políticas aplicó Taiwan, que tenía un 90% de su población viviendo en condiciones paupérrimas en 1948 y hoy esos guarismos se invirtieron? Ni hablar de Corea del Sur, que a principios de los ’50, salía de una guerra devastadora y con una población paupérrima y mayoritariamente agrícola. Nosotros, que en aquellos años de mediados del siglo pasado gozábamos todavía de una situación envidiable, ¿cómo logramos un presente tan pobre? Hace 100 años éramos top ten mundial en PBI/hab. Hoy Chile nos supera cuando en 1945 duplicábamos a nuestros vecinos. Y, hasta no hace mucho, éramos líderes en América Latina en cualquier índice económico, cultural o sanitario que quisiéramos medir. Hoy, mejor no hacer comparaciones.

Los intelectuales

Lo más asombroso es que, por más que la realidad nos muestre que estamos en el camino equivocado, seguimos insistiendo en él, como si aplicando las mismas recetas fuéramos a obtener resultados distintos. Y no menos asombroso es que tantos intelectuales, desde las cátedras inclusive, sigan sosteniendo sistemas que han fracasado reiteradamente en el mundo y no vean los que sí han producido resultados positivos. Ser partidario de estas fracasadas recetas está bien visto en todos los medios “intelectuales” y da prestigio. Y, desde las cátedras, nos meten ideología y doctrina disfrazadas de conocimiento.

Y siguen produciendo jóvenes imbuidos de ideas con tan poca constatación en la realidad y que, consecuentes con ello, piden más presupuesto para la universidad pública (nunca proponen de dónde saldrían tales recursos), pero se niegan a discutir siquiera lo poco razonable que es mantener el ingreso irrestricto y la gratuidad universitarias ¡aún para extranjeros no residentes!

Si tuviesen alguna amplitud de criterio, podrían analizar, por ejemplo, alguna estadística que muestre la estrecha correlación que hay entre los diez mejores países en Desarrollo Humano y los diez con mayor libertad económica. Si esto no les dice que estamos a contramano del progreso real, entonces ya nada los disuadirá. Contra un dogma, no hay razones que valgan.

Los empresarios

Desde luego que, en un país con políticas como las nuestras, un empresario para sobrevivir debe acercarse al calor del poder y recibir su cuota de prebendas, pero si los dejásemos trabajar libremente, solo controlando que sus actividades no se cartelicen, son los únicos generadores de riqueza. ¿Hay otra manera de sacar a tanta gente de la pobreza que no sea generando riqueza? El hecho creativo es necesariamente anterior al distributivo. La riqueza no es una cantidad estática en cuyo caso solo se trataría de tomar cada uno cuanto pueda o le plazca y, en ese caso sí, el que tiene mucho lo hizo a expensas del que nada tiene. Pero las cosas no son así, porque aún los productos naturales como el petróleo, los minerales o la fruta, hay que extraerlos o cultivarlos, y para ello necesitamos capital en maquinarias, mano de obra y, desde luego, materia gris.

Los políticos

Poco es necesario decir acerca de los políticos, ya que son los ejecutores del desastre argentino, aunque no deberíamos olvidar que somos sus mandantes y por tanto tenemos nuestra parte de responsabilidad en cuanto ocurre. Si bien es cierto que los políticos son elegidos por voto popular, no por eso dejan de ser un verdadero mamarracho. Con sueldos miliunanochescos, viáticos, choferes, asesores, etc. no se hacen cargo jamás de los resultados de su gestión. Un gerente de empresa o un futbolista afamado puede que cobren mucho más que un político, pero si no rinden… Para los políticos el rendimiento no preocupa; siempre habrá un chivo expiatorio para cargarle las culpas (ya volveremos sobre esto). Y en esto los jueces no le van en saga a los políticos, con la ganga, además, de que no pagan impuesto a las ganancias. Claro, son ellos los que interpretan la Constitución y las leyes, ¡y así lo interpretaron!

Y, porque viene al caso, me permito esta cita:

«No man's life, liberty or property are safe while the legislature is in session».

«La vida, la libertad o la propiedad de ningún hombre están a salvo mientras los legisladores sesionan». Mark Twain, citado por Héctor Huergo en Clarín.

Los sindicalistas

Caso aparte el de estos abnegados muchachos. Con cargos vitalicios (y hasta parece que, en algunos casos, hereditarios), se convierten en millonarios con ostentosas camperas, autos de alta gama con chofer y empresas “familiares” que monopolizan las obras que sus sindicatos ejecutan “para el bien de los afiliados”, desde luego. Al convertirse también en empresarios, no parecen demasiado preocupados por esa peccata minuta, que sería el conflicto evidente de intereses. Celosos defensores de las “conquistas sociales”, utilizan su poder extorsivo para conseguir sueldos que no suelen tener relación alguna con la productividad. Eso lleva necesariamente al empobrecimiento de quienes no pueden acceder a un trabajo en blanco o en gremios sin “poder de fuego”.

El chivo expiatorio

José Ignacio García Hamilton, en su libro ¿Por qué crecen los países? dice: «…en muchos países de nuestro continente parece que nuestro mejor amigo no es el perro, sino el chivo expiatorio».

Y para seguir negando la realidad y poner las culpas afuera, allí tienen al gran chivo expiatorio en el imperialismo, el capitalismo, el neoliberalismo, y varios “ismos” más.

Desde luego que los países poderosos e imperialistas existen, pero actúan en el mismo mundo en que Taiwan, Corea del Sur, Irlanda o Chile han logrado tan exitosos resultados (para citar solo los ejemplos anteriores), y a ellos no les impidieron forjarse un presente mejor. ¿Somos tan especiales que a nosotros no nos permiten progresar y a ellos sí?

Si persistimos con estas recetas equivocadas, que además fomentan la corrupción, nos espera un futuro semejante a los países africanos al sur del Sahara.

Y colorín colorado esperemos que este cuento se esté acabando.


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