Un largo sueño en Tánger. De Antonio Lozano.
Originalísimo relato que gira alrededor de una mujer en estado de coma, incapaz de mover siquiera una pestaña, pero que sí puede oír lo que se habla a su alrededor. Demás está decir lo que esto significa para la persona en cuestión, al enterarse de todas las conversaciones que se establecen entre sus visitantes y en su presencia, suponiendo que ella no oye ni percibe nada. Así se entera realmente lo que ella significa para sus seres queridos o no tanto, pero que conforman su círculo más cercano.
El autor nos regala unas imágenes casi visuales de la ciudad de Tánger, tan especial, en aquellos tiempos previos a la Guerra Civil Española, con su cosmopolitismo sus diferencias sociales y su composición multirracial.
Desde luego que la condición de la protagonista y todo lo que va descubriendo a lo largo del relato, la llevan (y nos llevan) a preguntarnos quiénes somos, quiénes creemos que somos y quiénes cree el resto que somos. Vale la pena, indudablemente, su lectura.
Esta vez, ¿Será diferente? De Juan Carlos de Pablo.
Muy técnico para el lector de a pie. Rescato sí, algunos valiosos conceptos como la explicación que, aplicar medidas liberales “a medias”, no sirve. Da el caso de que la eliminación de aranceles aduaneros sin reducir la presión impositiva puede llevar a la quiebra a ciertos industriales que, con menos carga fiscal, podrían subsistir. Esto no solo perjudica a esos sectores, sino que desprestigia las medidas.
Hablando de subsidios, explica lo que ya sabíamos (por Milton Friedman) de que no hay «almuerzos gratis». Pero lo hace con ejemplos muy didácticos y agrega:
…si los recursos son escasos, tanto la lista de productos que merezcan ser subsidiados, como la de beneficiarios por el subsidio, tiene que ser corta.
Y se pregunta cómo se puede, entonces, llegar a tener millones de beneficiarios:
Ocurre que en la lógica de la ayuda siempre hay un próximo al beneficiario, al cual no extenderle el beneficio parece un gran acto de injusticia, pero al lado de próximo, hay otro próximo y así sucesivamente. Y dado que no vivimos en un mundo poblado por ángeles, potencialmente al menos, el esquema posibilita la corrupción y el clientelismo público.
Dice también:
Queremos guerras, pero no muertos; queremos orden en las calles, pero implementado por bobbys (policías ingleses); queremos empresas públicas, pero eficientes (es decir, soñamos con funcionarios angelicales). […] somos entusiastas de las explicaciones conspirativas, aborrecemos el populismo cuando aparece la hiperinflación y toleramos la privatización de las empresas de servicios públicos, muchos años después de penar por la instalación de un teléfono, o cansados de los cortes de energía; pero en cuanto la situación se normaliza, volvemos a suspirar por la reestatización de los servicios públicos.
Plantea en forma muy clara cómo suele disfrazarse de «interés público» lo que es claramente un interés particular.
Horizonte azul. Wilbur Smith.
Muy interesante novela de aventuras, ambientada en el África del siglo XVII, con las colonias holandesas en Ciudad del Cabo y la confluencia de las culturas nativas, árabes y las incursiones portuguesas e inglesas en la costa índica del continente.
Muy bien contadas las aventuras en aquellas inmensidades tan lujuriosamente pobladas por enormes manadas de antílopes, elefantes, jirafas y toda la variedad de predadores. También caracteriza muy bien a personajes tales como los rastreadores bosquimanos.
El libro termina abruptamente sin resolver ninguno de los dramas que desarrolla, razón por la que obliga al lector a leer la continuación que es La ruta de los vengadores. Veremos si sigue en el mismo nivel.
La ruta de los vengadores. De Wilbur Smith.
En la misma tónica que la anterior, esta novela nos atrapa desde el inicio. Si bien se puede leer en forma independiente, es muy aconsejable leer primero «Horizonte…”, porque el autor, muy pícaramente, deja muchos hilos sin resolver. Eso no le quita interés a esta obra –si se la lee en forma independiente– que, además, nos muestra muchas cosas del África de hace tres siglos, donde todo era casi como al principio.
Winston Churchill. Una biografía. De Sebastian Haffner.
La vida de personajes tan notables como este, tendría que estar muy mal contada para que no interese su lectura. Resulta increíble asistir a tantas y tan reiteradas “muertes” políticas y sus consiguientes resurrecciones, que parece que estamos leyendo una ficción. Pero así fue su trayectoria, plagada de genialidades, con aciertos y desaciertos.
La ciudad y los perros. De Mario Vargas Llosa.
Excelente descripción de la vida en un internado militar, con componentes psicológicos de sus integrantes. El sentido del honor, que cuando hace falta se vulnera para cuidar el prestigio. Cuenta, además, con una trama cuasi policial.
La logia de Cádiz. De Jorge Fernández Díaz.
Cuando uno lee un libro de un tirón, quiere decir que se está leyendo algo bueno o, al menos, algo que nos gusta. Es el caso de esta novela histórica o historia novelada de JFD. Puedo decir que solo interrumpí su lectura para tareas impostergables como comer o dormir. El protagonista es, obviamente, el General San Martín, aunque no menos protagonismo tiene la Batalla de San Lorenzo.
El autor logra el acierto de tenernos a la expectativa casi toda la obra con los preparativos de la célebre batalla creándonos un estado de ansiedad por llegar a su desarrollo que nos mantiene en vilo.
Las últimas páginas las dedica a la vejez del General con relatos muy emotivos de sus últimas vivencias y de sus relaciones familiares y de amistad.
La fatal ignorancia. De Axel Kaiser.
La idea central del libro es que la batalla de las ideas está ganada por las izquierdas. Y eso en gran medida es porque las derechas, en general, poco se preocupan por dicha batalla, creyendo, en muchos casos, que solo basta con mostrar los resultados para que triunfen estas políticas. Y el autor muestra lo erróneo de tal suposición. Es la idea general imperante en la sociedad la que lleva, en un sistema democrático, al triunfo un sistema político-económico. Una idea arraigada en la sociedad, no se cambia de un día para el otro, aunque los datos de la realidad muestren su estrepitoso fracaso. Vemos la poca preocupación de las élites (habla en particular de Chile, pero, insiste, en que son conceptos aplicables a toda Latinoamérica) por la formación de cuadros intelectuales, artísticos y periodísticos, así como el poco interés por las carreras humanísticas. Eso conlleva a que en esos terrenos, la idea socialista sea tan preponderante.
Ya en el prólogo nos dice:
son fundamentalmente las creencias, las ideas y valores que predominan en una sociedad lo que determina su evolución política y económica. Son, por lo tanto, aquellos que trabajan en el mundo de las ideas, es decir, los intelectuales, quienes ejercen la mayor influencia sobre nuestras vidas, aun cuando seamos incapaces de reconocerlo producto de nuestra absorbente cotidianidad. [...]. El socialismo es un excelente ejemplo sobre cómo opera este proceso. Este nunca fue obra de las masas ni de mayoría alguna, sino de un pequeño grupo de historiadores, economistas, sociólogos y filósofos que lograron desarrollar una ideología con un poder narcótico sin precedentes en el mundo moderno. Esos intelectuales, la mayoría de ellos desconocidos para el hombre común, estuvieron en la primera línea del proceso de producción y hegemonía intelectual. En una segunda línea estuvieron millones de cantantes, sacerdotes, actores de cine, periodistas, escritores y artistas de distinto tipo que fueron haciendo de una ideología aberrante una teoría socialmente aceptable y políticamente rentable. [...] Los resultados de este proceso (creación de ideas, transformación de la realidad) en el caso del socialismo son conocidos: más de cien millones de muertos en los cinco continentes, dictaduras atroces y miseria generalizada en aquellos países que tuvieron la desgracia de experimentar en la práctica lo que un par de intelectuales había puesto sobre el papel al fantasear con el paraíso sobre la tierra en sus cómodas y abrigadas oficinas en el centro de Europa. Si algo prueba la historia del socialismo, incluido el socialismo nacionalista nazi que deriva del marxismo, es que el poder de las ideas y la capacidad de criminalidad a distancia de los intelectuales no tiene limites.
También dice:
Cómo será el fracaso [de las derechas en lo cultural] en esta materia que ni siquiera ha sido capaz de articular un auténtico proyecto político en dos décadas. Y la razón por la que no lo ha hecho es bastante simple: la derecha chilena, salvo escasas excepciones, no entiende ni cree en el poder de las ideas y de la cultura como factores decisivos de la evolución política, económica y social. Suele reducir sus categorías de análisis a lógicas productivas, técnicas e incentivos, olvidando que el ser humano se mueve fundamentalmente por las creencias, prejuicios, estereotipos, valores e ideas que le transmite el colegio, la iglesia, la familia, la universidad, la televisión, los libros, el teatro, la música, etc. [...] En esto no hay que equivocarse: sin ideas de derecha no hay ni política ni economía de derecha. Así de sencillo.
También se explaya en la idea de lo que yo llamo la “procerificación” de ciertos personajes. Una vez entronizados en monumentos, plazas, calles y puentes, es muy difícil proceder a su “desprocerificación” por muchos datos y argumentos en contra del personaje en cuestión. Y lo que ese simbolismo cala en las mentes del común de la gente, son las ideas que el personaje encarna. Como ejemplo, sarcástico si se quiere, es la figura de Guevara, tan hábilmente utilizada como recurso de marketing, que logró imponerlo como arquetipo de todas las virtudes humanas, por más que los datos duros de la realidad muestren su crueldad y mediocridad.
Antes de cerrar el comentario y recomendar la lectura completa de la obra, una pequeña cita:
… las ideas pueden imponerse aun contra la evidencia, alterando, para mal, el curso de la historia.