martes, 1 de abril de 2025

Las marchas de los jubilados.

 

Nadie puede dudar acerca de la crítica situación por la que atraviesan los jubilados y de su legítimo derecho a manifestar su descontento. Lo que sí queda en dudas es la razón por la que no se manifestaron con tanta vehemencia durante los gobiernos kirchneristas. ¿Estaban mejor en aquellas épocas? ¿Comenzó su penuria el 10 de diciembre de 2023?

Ciertamente no fue así. Pero lo que es más escandaloso es que justamente esos gobiernos, a los que no les hicieron tales demostraciones de descontento, son grandes responsables de la penuria actual del sector. La estatización de las AFJP, ocurrida en 2008, obligó a los aportantes a pasar al sistema oficial de reparto aún contra su expresa voluntad. Y se apropiaron de los fondos de sus aportes. Hoy podemos apreciar las ¿bondades? del sistema de reparto. 

Cualquier intento demagógico de otorgar «jubilaciones dignas» sería recurriendo una vez más a la impresión de billetes, con lo que se desataría una nueva ola inflacionaria que terminaría, más temprano que tarde, licuando ese «beneficio» otorgado por un gobierno bonachón, consustanciado con los abuelitos. Pero devengaría inmediatamente rédito político. 

Por otra parte, si bien el reclamo de los jubilados, como ya dije, es legítimo y entendible, no queda muy claro por qué justamente ahora, muchos sindicalistas, kirchenristas y militantes de trasnochadas izquierdas, se sienten consustanciados con esas nobles causas y salen a protestar con algo más que vehemencia.

Entiendo que están poniendo sus barbas en remojo al ver que, probablemente, en octubre, el gobierno coseche un no despreciable porcentaje de votos que le permitan llevar a cabo con mayor soltura sus políticas. Políticas que no favorecerían a las mafias enquistadas en esos sectores a que hice referencia. 

Entonces, su objetivo de máxima es voltear al gobierno y el de mínima, esmerilarlo lo suficiente para que no obtenga esos temidos resultados electorales.



jueves, 20 de marzo de 2025

Diálogo de conversos

El título de esta entrada es el de un libro muy recomendable.Se trata de un exquisito diálogo entre Roberto Ampuero y Mauricio Rojas, dos chilenos conversos del marxismo al liberalismo. Y eran dos marxistas militantes antes y durante el gobierno de Salvador Allende. Reflexionan, desde luego, de la realidad pasada presente y futura de su Chile natal; pero no solo eso, sino de la evolución de las ideas en el mundo y de los acontecimientos trascendentales que ocurrieron en aquellas décadas de sus respectivos exilios. Todo ello con una erudición que nos deja asombrados.

Contra lo que muchos marxistas creen fervientemente, esa conversión no es traición por conveniencia. He oído hablar de lo dudosa que resulta la «fe de los conversos», frase a la medida de los judíos conversos en la época de Isabel la Católica. En aquel caso se trataba de convertirse para no ser llevados al exilio o aún al cadalso, perdiendo todo lo que poseían; siendo una conversión «para salvar el pellejo», es claro que era para dudar de esa fe. En este caso es solo una evolución personal de las ideas y convicciones cuando pudieron contrastarlas con otras realidades como fueron las vivencias en los países donde recalaron en su forzado exilio. Y esa conversión, tal como señala acertadamente Mario Vargas Llosa, no resulta una ventaja, sino todo lo contrario; hay que estar dispuesto a soportar el «baño de mugre» y las abundantes acusaciones de estar vendido al gran capital o al imperio que le endilgan los intelectuales progres que tanto abundan

Ampuero vivió muchos años en Alemania del Este y en Cuba, por lo que nadie le puede contar lo que es el comunismo para quienes viven dentro de un régimen de ese tipo. En el caso de Rojas, su exilio fue en Suecia, desde donde palpó lo que es vivir en un país capitalista, a pesar de la fama que tienen los  escandinavos de ser socialistas y que claramente no lo son. 

Rojas habla de la sabiduría de su abuelo, hombre muy culto e instruido:

… mi abuelo sabía mucho, y por ello no le costó ver en mí y en mis amigos revolucionarios a los nuevos santones armados que podían llenar la tierra de horror en nombre de la redención y el paraíso terrenal. 

Y Ampuero contesta:

Esos son antecedentes muy poco conocidos y muy relevantes del marxismo que recalcan su carácter de religión atea. Esto es algo que los marxistas niegan con toda fuerza ya que pone en evidencia la falsedad del postulado fundamental de su doctrina: que se trata de una visión absolutamente científica, despojada de todo elemento de fe. 

Y sigue Rojas: 

Mi abuelo sabía que su nieto estaba jugando con un fuego que podía terminar incendiando toda la sociedad y por ello me decía con una mezcla de cariño y temor: «Hijo, no seas soberbio». Yo, en ese momento de exaltación revolucionaria, veía a mi abuelo como una reliquia del pasado y sus advertencias me resbalaban. Sin embargo, con los años he ido entendiendo la profundidad de lo que me decía. Era un llamado a no jugar a ser Dios, a entender las limitaciones de lo humano y que no podemos aspirar a construir utopías perfectas, porque la perfección no es de este mundo, ni tampoco el hombre nuevo. No podemos reinventarnos y transformarnos en seres angelicales, y cuando lo intentamos terminamos ejerciendo la violencia más despiadada contra el ser humano tal como es y como seguirá siendo por más que lo mandemos a campos de reeducación como los de Cuba, China o Unión Soviética. Toda esta reflexión se fue haciendo más y más evidente en el transcurso de mis estudios sobre el marxismo y sus raíces en la tradición cultural y religiosa occidental, pero se plasmó con toda exactitud leyendo aquella frase clave del Evangelio de Juan con la que Jesús responde a la pregunta de Pilatos sobre dónde estaba su reino: «Mi reino no es de este mundo». Con ello se marca una línea roja que no debemos pasar. Nuestro mundo debe estar hecho a la medida humana, de acuerdo a lo que somos, seres perfectibles pero no perfectos. Esa es para mí la base antropológica, por así decirlo, del liberalismo, que no quiere negar lo que somos ni imponernos hormas que no calzan con nuestra naturaleza, sino construir algo mejor sobre y para nuestra imperfección. 

En otro pasaje, vuelve Rojas a analizar el tema del mesianismo que impera entre los rebeldes «revolucionarios»:

El problema se produce cuando a nombre de ese otro mundo nos rebelamos contra nuestra naturaleza humana y jugamos a ser dioses, cuando tratamos de convertir ese «más allá» que nos consuela en un «aquí y ahora» que nos invita a violentar lo que somos. Allí está el mal acechando y la tentación totalitaria.

Rojas, hablando de las infantiles actitudes de quienes, como él mismo, se disfrazaban de guerrilleros, dice:

Era un sueño y uno andaba como elevado en su rol de mesías revolucionario, mirando al resto de los mortales, pequeños e insignificantes, desde las cumbres olímpicas del que está dispuesto a morir y matar por un ideal grandioso.

Y la respuesta de Ampuero:

Esa es, precisamente, la disposición de ánimo que convierte al fanático en asesino. Y todo esto en un marco de irresponsabilidad total y desprecio total por la democracia chilena de entonces. Un drama se iba incubando…

Un tema recurrente entre círculos políticos e intelectuales (y aquí los autores hablan principalmente de Chile, pero es perfectamente aplicable al resto de Latinoamérica) es criticar todo lo malo, perverso, invasivo, atropellador e inmoral que, real o imaginariamente, se pueda decir de USA. 

Los autores, si embargo, hacen algunos análisis muy interesantes de todo lo que de ese gran país deberíamos copiar.

Dice Ampuero:

¿En cuánto me marcaron veinticinco años de vida entre alemanes? ¿Y en qué medida he quedado marcado por catorce años de vida en Estados Unidos, que es un país muy generoso porque te pide muy poco a cambio, ni siquiera que sepas inglés? El estadounidense te da la ciudadanía y te deja ser quien quieras ser, y si quieres vives toda tu vida en el mundo que tus compatriotas han construido dentro de Estados Unidos. ¿Cuán chileno soy?, me pregunto, y en qué medida mis tensiones con el país, pues las he tenido y las tengo, se deben a que dejé de ser chileno hace mucho y a que actúo a veces más como alemán o como estadounidense, y en el primer caso exijo puntualidad y en el otro ando ofreciendo sonrisas a desconocidos y me visto informalmente porque en Estados Unidos poco importa tu aspecto, pero en Chile mucho.

Más adelante, Rojas comenta:

Solamente una sociedad de oportunidades que potencie la libertad de todos puede estar protegida contra los mesianismos totalitarios, como bien lo prueba la experiencia de Estados Unidos, que siempre ha sido el cementerio de los utopismos socialistas y el suelo fértil del emprendimiento y la democracia. Ello dependió del hecho básico que le dio a Estados Unidos, especialmente a partir de la Guerra de Secesión, su característica decisiva: esa «igualdad de condiciones», como la llamó Tocqueville, de los farmers, el acceso masivo a la tierra que hizo de los proletarios europeos propietarios norteamericanos y que también le cambió la vida a quienes se quedaban a vivir y trabajar en las ciudades de Estados Unidos. Fue el país de la igualdad de oportunidades y la libertad, y por eso floreció como ningún otro. Eso nos deja una gran lección y todo un programa de futuro a realizar: hermanar la libertad con la igualdad de posibilidades, así como también la autonomía individual con ese fuerte sentido de comunidad que aún impera en Estados Unidos. Esa es la base del culto estadounidense al éxito, al que triunfa, al que se enriquece, porque existe un sentimiento de vivir en una sociedad de oportunidades, meritocrática y abierta, tan distante de la nuestra. 

Y sigue Ampuero:

Es cierto. He vivido casi quince años en Estados Unidos y mi impresión es que los estadounidenses tienen una relación sana con los exitosos y triunfadores, y con el concepto de fair play y de to play by the rules. Y no estoy idealizando, pero lo cierto es que si te sorprenden defraudando la fe pública o a las instituciones, las penas son tremendas, partiendo por las tributarias, pero para grandes y chicos. En Chile, en cambio, tenemos una relación complicada con el éxito ajeno: pensamos que el éxito o el triunfo del otro nos disminuye, que es un logro a costa nuestra; en Estados Unidos, en cambio, se cree que el triunfo del otro te beneficia, y ojalá sea contagioso.

Y no escatiman elogios a la sabiduría de los «Padres fundadores» de USA, Madison, Jefferson, Franklin y Adams entre otros, que supieron plasmar en la Constitución tantas y tan sabias prescripciones que tantos éxitos garantizaron a su país y que, hoy, son modelo a seguir por casi todo el mundo libre.

Es muy interesante cuando discurren acerca de la honestidad del ciudadano de a pie y de la confianza que hay en ello en algunos países desarrollados (habla de Alemania, Suecia y USA, pero podríamos ampliarlo a Suiza, Japón y tantos otros) en contraste con nuestros países de América Latina. Como respuesta a una reflexión de Ampuero a este respecto, Rojas dice:

Habiendo vivido en un país como España y estudiado bastante el caso argentino, no puedo estar más de acuerdo contigo. España está hoy destruida por su tolerancia, incluso ensalzamiento, de la pillería y la corrupción, esa «picaresca» tan alabada que hoy corroe a ese país como un cáncer que desestabiliza todas sus instituciones y su sistema político. Bueno, de Argentina ni hablar. La «viveza criolla» ha logrado lo que parecía imposible: lograr que un país con los recursos de Argentina, no sea uno de los más prósperos de la Tierra.

domingo, 2 de marzo de 2025

Nuestras crisis

Reiteradamente hemos entrado en profundas crisis, y no es que, cuando salíamos de esas abismales simas, estábamos en el mejor de los mundos. ¿Cómo se explica esto?

La corrupción no explica todo

La enorme cantidad de dinero que se escurre por las alcantarillas de la corrupción, con todo el daño que produce y siendo un gran problema argentino, no es, si embargo, el origen y causa de todos nuestros males.

Insisto, más allá de la corrupción, con la que todos deberíamos estar de acuerdo en que es perniciosa para cualquier sociedad y cualquiera sea el signo político del gobierno, hay otras cuestiones que explican o justifican nuestras inveteradas y repetidas crisis.

Desde luego que esto no significa que debamos minimizar este flagelo tan arraigado ni que debamos resignarnos a que «Roban, pero hacen». En la lucha contra la corrupción, podremos ganar algunas batallas, incluso muchas, pero es utópico pensar que se podrá erradicar completamente; los funcionarios son de carne y hueso y, como ya sabemos, la carne es débil. Por eso, lo importante es eliminar la matriz corrupta que no solo daña por el dinero contante que se desvía hacia esos insaciables bolsillos, sino porque la acción de gobierno en general, está orientada a conseguir las mejores tajadas y no a lo que la población necesita.

Políticas equivocadas

Políticas equivocadas han sido aplicadas por los sucesivos gobiernos en forma constante (y no hablo solo de los gobiernos recientes). Me refiero al proteccionismo sin metas ni objetivos concretos, al intervencionismo estatal, a la imprevisibilidad en las reglas de juego, en controles y más controles en los precios y la economía en general, la imposición de cuotas y permisos, la legislación que permite el enquistamiento de mafias en sindicatos, en asociaciones empresarias y hasta en los clubes de fútbol como hemos visto en forma tan palmaria en tantas ocasiones. Muchas veces estas medidas son verdaderas «estaciones de peaje» que favorecen el accionar de los corruptos. 

Si al cabo de tanta «protección», tuviésemos una industria pujante y competitiva, podríamos justificar tales políticas, pero ¿cuál fue el resultado de la aplicación tan contumaz de estas políticas? Nos garantizaron una industria raquítica, no competitiva y subsidiada a costa de otras actividades más eficientes o bien con déficit e inflación lo que lleva indefectiblemente a niveles de pobreza inaceptables.

Y lo más importante: por creer que, cerrándonos al exterior, con aranceles a las importaciones y retenciones y hasta ¡prohibiciones a las exportaciones! (creo que esto es inédito en el mundo), hemos conseguido una economía pequeña, que no crece. Cuando eso ocurre, como la población sí crece, es inevitable que aumente la pobreza y con ella la tentación de maquillarla u ocultarla con subsidios y políticas cortoplacistas. Y la existencia de subsidios permanentes a las tarifas, al transporte, a los que no trabajan, a las madres solteras, a las embarazadas, a las que quieren abortar, etc., antes que mostrarnos la sensibilidad del gobierno, lo que nos muestran es el fracaso rotundo del modelo que hemos elegido hace ya muchas décadas; un país con políticas que favorezcan la prosperidad general, no necesita repartir subsidios al por mayor. Y como los recursos no alcanzan, precisamente porque la economía no crece, se recurre a la inflación, de la que no es fácil salir, o al endeudamiento, con lo que no solo hay luego que pagar lo adeudado sino también los intereses, lo que hace que aumente más todavía el déficit y así sigue la noria dando vueltas y más vueltas. Esta verdadera bola de nieve llega un momento que es imparable, porque genera más pobreza y con ella la violencia y la necesidad de más subsidios para pobres, indigentes, desocupados, jubilados, usuarios de servicios públicos, etc.

No está mal subsidiar si se tiene claro por qué, para qué y por cuánto tiempo; pero cuando se hace solo para disimular el fracaso de las equivocadas políticas, y se vuelve una constante y permanente carga para el erario, los resultados no pueden ser otros que los que vemos cíclicamente los argentinos. Todo por seguir el rumbo contrario al que toman los países exitosos.

¿Y en el “vecindario” qué pasa?

Nuestro vecino Chile (aquisito nomás) que redujo la pobreza a la mitad en pocos años; ¿qué políticas aplicó? Venezuela, que es líder en expulsión de ciudadanos; ¿qué políticas aplicó? ¿Qué políticas aplicó Taiwan, que tenía un 90% de su población viviendo en condiciones paupérrimas en 1948 y hoy esos guarismos se invirtieron? Ni hablar de Corea del Sur, que a principios de los ’50, salía de una guerra devastadora y con una población paupérrima y mayoritariamente agrícola. Nosotros, que en aquellos años de mediados del siglo pasado gozábamos todavía de una situación envidiable, ¿cómo logramos un presente tan pobre? Hace 100 años éramos top ten mundial en PBI/hab. Hoy Chile nos supera cuando en 1945 duplicábamos a nuestros vecinos. Y, hasta no hace mucho, éramos líderes en América Latina en cualquier índice económico, cultural o sanitario que quisiéramos medir. Hoy, mejor no hacer comparaciones.

Los intelectuales

Lo más asombroso es que, por más que la realidad nos muestre que estamos en el camino equivocado, seguimos insistiendo en él, como si aplicando las mismas recetas fuéramos a obtener resultados distintos. Y no menos asombroso es que tantos intelectuales, desde las cátedras inclusive, sigan sosteniendo sistemas que han fracasado reiteradamente en el mundo y no vean los que sí han producido resultados positivos. Ser partidario de estas fracasadas recetas está bien visto en todos los medios “intelectuales” y da prestigio. Y, desde las cátedras, nos meten ideología y doctrina disfrazadas de conocimiento.

Y siguen produciendo jóvenes imbuidos de ideas con tan poca constatación en la realidad y que, consecuentes con ello, piden más presupuesto para la universidad pública (nunca proponen de dónde saldrían tales recursos), pero se niegan a discutir siquiera lo poco razonable que es mantener el ingreso irrestricto y la gratuidad universitarias ¡aún para extranjeros no residentes!

Si tuviesen alguna amplitud de criterio, podrían analizar, por ejemplo, alguna estadística que muestre la estrecha correlación que hay entre los diez mejores países en Desarrollo Humano y los diez con mayor libertad económica. Si esto no les dice que estamos a contramano del progreso real, entonces ya nada los disuadirá. Contra un dogma, no hay razones que valgan.

Los empresarios

Desde luego que, en un país con políticas como las nuestras, un empresario para sobrevivir debe acercarse al calor del poder y recibir su cuota de prebendas, pero si los dejásemos trabajar libremente, solo controlando que sus actividades no se cartelicen, son los únicos generadores de riqueza. ¿Hay otra manera de sacar a tanta gente de la pobreza que no sea generando riqueza? El hecho creativo es necesariamente anterior al distributivo. La riqueza no es una cantidad estática en cuyo caso solo se trataría de tomar cada uno cuanto pueda o le plazca y, en ese caso sí, el que tiene mucho lo hizo a expensas del que nada tiene. Pero las cosas no son así, porque aún los productos naturales como el petróleo, los minerales o la fruta, hay que extraerlos o cultivarlos, y para ello necesitamos capital en maquinarias, mano de obra y, desde luego, materia gris.

Los políticos

Poco es necesario decir acerca de los políticos, ya que son los ejecutores del desastre argentino, aunque no deberíamos olvidar que somos sus mandantes y por tanto tenemos nuestra parte de responsabilidad en cuanto ocurre. Si bien es cierto que los políticos son elegidos por voto popular, no por eso dejan de ser un verdadero mamarracho. Con sueldos miliunanochescos, viáticos, choferes, asesores, etc. no se hacen cargo jamás de los resultados de su gestión. Un gerente de empresa o un futbolista afamado puede que cobren mucho más que un político, pero si no rinden… Para los políticos el rendimiento no preocupa; siempre habrá un chivo expiatorio para cargarle las culpas (ya volveremos sobre esto). Y en esto los jueces no le van en saga a los políticos, con la ganga, además, de que no pagan impuesto a las ganancias. Claro, son ellos los que interpretan la Constitución y las leyes, ¡y así lo interpretaron!

Y, porque viene al caso, me permito esta cita:

«No man's life, liberty or property are safe while the legislature is in session».

«La vida, la libertad o la propiedad de ningún hombre están a salvo mientras los legisladores sesionan». Mark Twain, citado por Héctor Huergo en Clarín.

Los sindicalistas

Caso aparte el de estos abnegados muchachos. Con cargos vitalicios (y hasta parece que, en algunos casos, hereditarios), se convierten en millonarios con ostentosas camperas, autos de alta gama con chofer y empresas “familiares” que monopolizan las obras que sus sindicatos ejecutan “para el bien de los afiliados”, desde luego. Al convertirse también en empresarios, no parecen demasiado preocupados por esa peccata minuta, que sería el conflicto evidente de intereses. Celosos defensores de las “conquistas sociales”, utilizan su poder extorsivo para conseguir sueldos que no suelen tener relación alguna con la productividad. Eso lleva necesariamente al empobrecimiento de quienes no pueden acceder a un trabajo en blanco o en gremios sin “poder de fuego”.

El chivo expiatorio

José Ignacio García Hamilton, en su libro ¿Por qué crecen los países? dice: «…en muchos países de nuestro continente parece que nuestro mejor amigo no es el perro, sino el chivo expiatorio».

Y para seguir negando la realidad y poner las culpas afuera, allí tienen al gran chivo expiatorio en el imperialismo, el capitalismo, el neoliberalismo, y varios “ismos” más.

Desde luego que los países poderosos e imperialistas existen, pero actúan en el mismo mundo en que Taiwan, Corea del Sur, Irlanda o Chile han logrado tan exitosos resultados (para citar solo los ejemplos anteriores), y a ellos no les impidieron forjarse un presente mejor. ¿Somos tan especiales que a nosotros no nos permiten progresar y a ellos sí?

Si persistimos con estas recetas equivocadas, que además fomentan la corrupción, nos espera un futuro semejante a los países africanos al sur del Sahara.

Y colorín colorado esperemos que este cuento se esté acabando.


miércoles, 19 de febrero de 2025

Mis lecturas

Un largo sueño en Tánger. De Antonio Lozano. 

Originalísimo relato que gira alrededor de una mujer en estado de coma, incapaz de mover siquiera una pestaña, pero que sí puede oír lo que se habla a su alrededor. Demás está decir lo que esto significa para la persona en cuestión, al enterarse de todas las conversaciones que se establecen entre sus visitantes y en su presencia, suponiendo que ella no oye ni percibe nada. Así se entera realmente lo que ella significa para sus seres queridos o no tanto, pero que conforman su círculo más cercano. 

El autor nos regala unas imágenes casi visuales de la ciudad de Tánger, tan especial, en aquellos tiempos previos a la Guerra Civil Española, con su cosmopolitismo sus diferencias sociales y su composición multirracial. 

Desde luego que la condición de la protagonista y todo lo que va descubriendo a lo largo del relato, la llevan (y nos llevan) a preguntarnos quiénes somos, quiénes creemos que somos y quiénes cree el resto que somos. Vale la pena, indudablemente, su lectura.

Esta vez, ¿Será diferente? De Juan Carlos de Pablo. 

Muy técnico para el lector de a pie. Rescato sí, algunos valiosos conceptos como la explicación que, aplicar medidas liberales “a medias”, no sirve. Da el caso de que la eliminación de aranceles aduaneros sin reducir la presión impositiva puede llevar a la quiebra a ciertos industriales que, con menos carga fiscal, podrían subsistir. Esto no solo perjudica a esos sectores, sino que desprestigia las medidas.

Hablando de subsidios, explica lo que ya sabíamos (por Milton Friedman) de que no hay «almuerzos gratis». Pero lo hace con ejemplos muy didácticos y agrega:

…si los recursos son escasos, tanto la lista de productos que merezcan ser subsidiados, como la de beneficiarios por el subsidio, tiene que ser corta.

Y se pregunta cómo se puede, entonces, llegar a tener millones de beneficiarios:

Ocurre que en la lógica de la ayuda siempre hay un próximo al beneficiario, al cual no extenderle el beneficio parece un gran acto de injusticia, pero al lado de próximo, hay otro próximo y así sucesivamente. Y dado que no vivimos en un mundo poblado por ángeles, potencialmente al menos, el esquema posibilita la corrupción y el clientelismo público.

Dice también:

Queremos guerras, pero no muertos; queremos orden en las calles, pero implementado por bobbys (policías ingleses); queremos empresas públicas, pero eficientes (es decir, soñamos con funcionarios angelicales). […] somos entusiastas de las explicaciones conspirativas, aborrecemos el populismo cuando aparece la hiperinflación y toleramos la privatización de las empresas de servicios públicos, muchos años después de penar por la instalación de un teléfono, o cansados de los cortes de energía; pero en cuanto la situación se normaliza, volvemos a suspirar por la reestatización de los servicios públicos.

Plantea en forma muy clara cómo suele disfrazarse de «interés público» lo que es claramente un interés particular.

Horizonte azul. Wilbur Smith. 

Muy interesante novela de aventuras, ambientada en el África del siglo XVII, con las colonias holandesas en Ciudad del Cabo y la confluencia de las culturas nativas, árabes y las incursiones portuguesas e inglesas en la costa índica del continente. 

Muy bien contadas las aventuras en aquellas inmensidades tan lujuriosamente pobladas por enormes manadas de antílopes, elefantes, jirafas y toda la variedad de predadores. También caracteriza muy bien a personajes tales como los rastreadores bosquimanos.

El libro termina abruptamente sin resolver ninguno de los dramas que desarrolla, razón por la que obliga al lector a leer la continuación que es La ruta de los vengadores. Veremos si sigue en el mismo nivel.

La ruta de los vengadores. De Wilbur Smith.

En la misma tónica que la anterior, esta novela nos atrapa desde el inicio. Si bien se puede leer en forma independiente, es muy aconsejable leer primero «Horizonte…”, porque el autor, muy pícaramente, deja muchos hilos sin resolver. Eso no le quita interés a esta obra –si se la lee en forma independiente– que, además, nos muestra muchas cosas del África de hace tres siglos, donde todo era casi como al principio. 

Winston Churchill. Una biografía. De Sebastian Haffner. 

La vida de personajes tan notables como este, tendría que estar muy mal contada para que no interese su lectura. Resulta increíble asistir a tantas y tan reiteradas “muertes” políticas y sus consiguientes resurrecciones, que parece que estamos leyendo una ficción. Pero así fue su trayectoria, plagada de genialidades, con aciertos y desaciertos. 

La ciudad y los perros. De Mario Vargas Llosa. 

Excelente descripción de la vida en un internado militar, con componentes psicológicos de sus integrantes. El sentido del honor, que cuando hace falta se vulnera para cuidar el prestigio. Cuenta, además, con una trama cuasi policial.

La logia de Cádiz. De Jorge Fernández Díaz.

Cuando uno lee un libro de un tirón, quiere decir que se está leyendo algo bueno o, al menos, algo que nos gusta. Es el caso de esta novela histórica o historia novelada de JFD. Puedo decir que solo interrumpí su lectura para tareas impostergables como comer o dormir. El protagonista es, obviamente, el General San Martín, aunque no menos protagonismo tiene la Batalla de San Lorenzo.

El autor logra el acierto de tenernos a la expectativa casi toda la obra con los preparativos de la célebre batalla creándonos un estado de ansiedad por llegar a su desarrollo que nos mantiene en vilo.

Las últimas páginas las dedica a la vejez del General con relatos muy emotivos de sus últimas vivencias y de sus relaciones familiares y de amistad.

La fatal ignorancia. De Axel Kaiser.

La idea central del libro es que la batalla de las ideas está ganada por las izquierdas. Y eso en gran medida es porque las derechas, en general, poco se preocupan por dicha batalla, creyendo, en muchos casos, que solo basta con mostrar los resultados para que triunfen estas políticas. Y el autor muestra lo erróneo de tal suposición. Es la idea general imperante en la sociedad la que lleva, en un sistema democrático, al triunfo un sistema político-económico. Una idea arraigada en la sociedad, no se cambia de un día para el otro, aunque los datos de la realidad muestren su estrepitoso fracaso. Vemos la poca preocupación de las élites (habla en particular de Chile, pero, insiste, en que son conceptos aplicables a toda Latinoamérica) por la formación de cuadros intelectuales, artísticos y periodísticos, así como el poco interés por las carreras humanísticas. Eso conlleva a que en esos terrenos, la idea socialista sea tan preponderante.

Ya en el prólogo nos dice:

son fundamentalmente las creencias, las ideas y valores que predominan en una sociedad lo que determina su evolución política y económica. Son, por lo tanto, aquellos que trabajan en el mundo de las ideas, es decir, los intelectuales, quienes ejercen la mayor influencia sobre nuestras vidas, aun cuando seamos incapaces de reconocerlo producto de nuestra absorbente cotidianidad. [...]. El socialismo es un excelente ejemplo sobre cómo opera este proceso. Este nunca fue obra de las masas ni de mayoría alguna, sino de un pequeño grupo de historiadores, economistas, sociólogos y filósofos que lograron desarrollar una ideología con un poder narcótico sin precedentes en el mundo moderno. Esos intelectuales, la mayoría de ellos desconocidos para el hombre común, estuvieron en la primera línea del proceso de producción y hegemonía intelectual. En una segunda línea estuvieron millones de cantantes, sacerdotes, actores de cine, periodistas, escritores y artistas de distinto tipo que fueron haciendo de una ideología aberrante una teoría socialmente aceptable y políticamente rentable. [...] Los resultados de este proceso (creación de ideas, transformación de la realidad) en el caso del socialismo son conocidos: más de cien millones de muertos en los cinco continentes, dictaduras atroces y miseria generalizada en aquellos países que tuvieron la desgracia de experimentar en la práctica lo que un par de intelectuales había puesto sobre el papel al fantasear con el paraíso sobre la tierra en sus cómodas y abrigadas oficinas en el centro de Europa. Si algo prueba la historia del socialismo, incluido el socialismo nacionalista nazi que deriva del marxismo, es que el poder de las ideas y la capacidad de criminalidad a distancia de los intelectuales no tiene limites. 

También dice:

Cómo será el fracaso [de las derechas en lo cultural] en esta materia que ni siquiera ha sido capaz de articular un auténtico proyecto político en dos décadas. Y la razón por la que no lo ha hecho es bastante simple: la derecha chilena, salvo escasas excepciones, no entiende ni cree en el poder de las ideas y de la cultura como factores decisivos de la evolución política, económica y social. Suele reducir sus categorías de análisis a lógicas productivas, técnicas e incentivos, olvidando que el ser humano se mueve fundamentalmente por las creencias, prejuicios, estereotipos, valores e ideas que le transmite el colegio, la iglesia, la familia, la universidad, la televisión, los libros, el teatro, la música, etc. [...] En esto no hay que equivocarse: sin ideas de derecha no hay ni política ni economía de derecha. Así de sencillo.

También se explaya en la idea de lo que yo llamo la “procerificación” de ciertos personajes. Una vez entronizados en monumentos, plazas, calles y puentes, es muy difícil proceder a su “desprocerificación” por muchos datos y argumentos en contra del personaje en cuestión. Y lo que ese simbolismo cala en las mentes del común de la gente, son las ideas que el personaje encarna. Como ejemplo, sarcástico si se quiere, es la figura de Guevara, tan hábilmente utilizada como recurso de marketing, que logró imponerlo como arquetipo de todas las virtudes humanas, por más que los datos duros de la realidad muestren su crueldad y mediocridad.

Antes de cerrar el comentario y recomendar la lectura completa de la obra, una pequeña cita: 

… las ideas pueden imponerse aun contra la evidencia, alterando, para mal, el curso de la historia.

domingo, 9 de febrero de 2025

El femicidio


A cualquier delito se lo debe atacar desde lo preventivo y desde lo punitivo.

La idea de la creación de la figura penal del femicidio, mediante la cual se establecen penas mayores que las de otro tipo de homicidios siempre que el asesino sea un varón, además de implicar un trato desigual ante la ley, es un intento –hasta ahora fallido, por lo visto– de combatirlo desde lo punitivo. 

Dada la frecuencia de estos llamados femicidios, creo que lo oportuno sería trabajar en la prevención y este es un tema en el que no me siento capaz de opinar.

Desde lo punitivo, la pregunta que me hago es por qué tiene que ser mayor la pena si un varón mata a su pareja femenina, que si es al revés. Si eso no es un evidente caso del trato desigual ante la ley, entonces yo no entiendo nada.

La justificación de semejante despropósito legal es que «hay muchas más mujeres que mueren a manos de sus parejas que hombres en tal situación». Argumento que no parece muy acertado. Sí entiendo que, ante casos tan frecuentes de este tipo, algo debe hacerse.

Como cualquier homicidio, siempre se deben considerar los atenuantes y los agravantes. Entre estos últimos, podemos mencionar el vínculo (de pareja, en este caso) y la alevosía, en el caso de que se haya recurrido a la mayor fuerza física para la concreción del crimen. En el caso de que un integrante de la pareja hubiese aprovechado el momento en que la víctima se hallaba durmiendo, claro ejemplo de alevosía, ¿puede considerarse peor un caso que el otro?

El código penal, entiendo yo, ya consideraba al vínculo y la alevosía como agravantes aún antes del mamarracho de la figura del femicidio.

Desde la represión o castigo, si se entiende que el aumento de las penas será eficaz para la prevención, se las puede aumentar para el homicidio intrafamiliar o de pareja indistintamente de cuál de los miembros de la pareja lo cometa. Si son pocas las mujeres que lo hacen, pocas serán las castigadas e igualmente muchos serán los varones que sufran las consecuencias de estos aberrantes actos.

Y también se debe tener en cuenta la premeditación, que es evidente en los casos de envenenamiento. Habría que estudiar este tipo de casos y ver quien los comete mayoritariamente. Si fuesen mujeres ¿habría que crear la figura del “andricidio”? 


viernes, 31 de enero de 2025

Las ideas liberales

Releyendo párrafos de viejas lecturas, me encuentro con esta maravillosa pieza de doctrina que es el fallo del Juez Bermejo (en minoría) de la Suprema Corte Argentina de 1922 y que nos muestra cómo en nuestro país, la Constitución suele ser letra muerta para los gobiernos de turno. También nos enseña que las ideas liberarles, si bien minoritarias mucho tiempo, nunca estuvieron muertas del todo: 

El gobierno de la nación argentina está regido por una Constitución escrita que ha reconocido los derechos individuales preexistentes a ella como inherentes a la personalidad humana; ha organizado los diversos poderes y deslindado sus atribuciones fijando límites a su ejercicio y los medios para que esos límites no sean ultrapasados. Buena o mala, no tenemos más que acatarla y la garantía de la inviolabilidad de la propiedad, tanto como la de la seguridad personal contra los     vances de los gobiernos, es de la esencia de la libertad civil, que puede ser considerada como el alma del organismo institucional de la nación

Y termina el fallo en disidencia el Dr. Bermejo: 

Finalmente no sería aventurado prever que si se reconoce la facultad de los poderes públicos para fijar el alquiler, habría que reconocerles la de fijar el precio del trabajo y el de todas las cosas que son objeto de comercio entre los hombres, o, como lo expresaba esta Corte Suprema de Justicia en 1903: la vida económica de la Nación con las libertades que la fomentan, quedaría confiscada en mano de legislaturas o congresos que usurparían por ingeniosos reglamentos todos los derechos individuales, hasta caer en un socialismo de Estado en que los gobiernos serían regentes de la industria y el comercio y los árbitros del capital y de la industria privada. 

Esta cita fue tomada de Cuatro mil años de controles de precios y salarios de Schuettinger, R y Butler, E.

Podemos ver que las ideas estatistas y populistas no comenzaron en nuestro país en 1946 con el peronismo, sino que vienen  desde algunas décadas antes. Hay que reconocer, sin embargo que el peronismo supo llevarlas a niveles incompatibles con un desarrollo sustentable y una convivencia necesaria para el desenvolvimiento de una sociedad próspera. Los resultados están a la vista.

jueves, 23 de enero de 2025

Las recetas "neoliberales"


Entre los reparos más frecuentes que se oponen a la incipiente gestión de Milei, figura la supuesta aplicación de «recetas neoliberales que tanto mal nos han deparado».

Al respecto hay dos cuestiones para analizar; primero, que no queda muy claro qué entienden por las «recetas neoliberales». A menos que cualquier intento de no encorsetar severamente las leyes del mercado, sea calificado como tal. O que garantizar el derecho a disponer libremente nuestros bienes y del fruto de nuestro trabajo sea considerado como perversos planes impuestos por el imperialismo, el FMI o el recordado juez Griesa.

En segundo término, y lo mejor del análisis viene ahora, que yo sepa, en nuestro país ha habido un solo intento «neoliberal» que fue el del peronismo versión noventista. Nadie puede dudar de que la situación, a fines de los 80, de las empresas de servicios públicos que se privatizaron era caótica. Todos recordamos que el colapso económico del Estado no permitía financiar ningún tipo de recuperación de ellas. Unánimemente, desde el sector estatista Nac&pop, se culpa al «neoliberalismo» por la fenomenal crisis de 2001, sin poner demasiado énfasis en que la corrupción, la frivolidad y el desmesurado endeudamiento del gobierno peronista de entonces fueron las verdaderas causas del desplome. En ningún caso se implementó seriamente la reducción del gasto público, excepto por la privatización de las colapsadas empresas estatales. 

En cambio, los reiterados fracasos del estatismo populista, jamás se imputan a lo perverso del sistema, sino a difusos enemigos del «modelo» o de la Patria o al capitalismo salvaje. ¿Es razonable suponer que un gobierno que no es capaz de cumplir razonablemente bien con sus misiones indelegables (salud y educación públicas, seguridad, estabilidad monetaria, manejo austero de los recursos públicos, relaciones exteriores) pueda ser exitoso gerenciando transporte, comunicaciones, generación y distribución de energía eléctrica, minería, etc.?

Hasta ahora no he obtenido respuestas

domingo, 5 de enero de 2025

Bolurreflexiones

Yo y mi manía de reflexionar ante cada noticia. Por más que me lo propongo, no puedo con mi genio y le doy nomás. 

Leí hace un tiempo en "La Nación" una nota donde una persona, nacida como varón y habiendo adoptado el sexo de su preferencia (mujer), es jugador de fútbol y pelea para que la AFA la admita en la liga femenina.

Todo muy lindo en defensa de su derecho a la identidad de género, pero, ¿qué dirán las jugadoras de los equipos que enfrente? Porque, por más igualdad que reclamen, hay probables diferencias físicas que jugarían a su favor.

Pero, si de igualdad se trata, ¿por qué existe la liga femenina y no hay una liga única? 

En tal caso, si hay igualdad ANTE la ley, llegarían a jugar en primera de los equipos más grandes, los mejores, sin importar el sexo.

Pero, como previsiblemente se intentará igualdad MEDIANTE la ley, exigirán el cupo femenino. Aunque no sé como se haría para tener 50% de cada sexo en un equipo de 11 jugadores… 

Pero seguro que a las brillantes mentes igualitarias ya se les habrá ocurrido poner 5 mujeres en el primer tiempo y 6 en el segundo o viceversa, para darle precedencia a las damas. 

Queda el problema de los vestuarios; ¿habrá que duplicarlos? Tal vez, en aras de la igualdad, puedan coexistir todos juntos, porque el pudor parece ser un antiguo prejuicio de la sociedad burguesa, capitalista, neoliberal, heteropatriarcal y partidaria del sexo binario. Y, por las dudas, también cipaya.

Ahora me asalta una duda; ¿Por qué 50% de varones y 50% de mujeres? ¿No es que hay más de un género? ¿Cuánto les correspondería a los de género fluido? ¡Cuántas dudas sin respuesta!

¿Creen que deberé dejar el tintillo definitivamente? 

Las marchas de los jubilados.

  Nadie puede dudar acerca de la crítica situación por la que atraviesan los jubilados y de su legítimo derecho a manifestar su descontento....